martes, 13 de febrero de 2018

Caminata por el cerro Ancón: historia, lucha nacionalista, naturaleza




Por Carlos Camarena Medina
Periodista

Recorrer el cerro Ancón, desde la avenida de Los Mártires hasta la cima es cerciorarse que durante la presencia estadounidense en Panamá fue un sitio estratégico y militarizado….uno entiende, por qué durante décadas representó el simbolismo de la lucha por la recuperación de nuestra soberanía, quizá desde que la poetisa Amelia Denis de Icaza escribió en 1906 la poesía Al cerro Ancón.

Monumento en honor a Los Mártires del 9 de enero de 1964
Sobre la avenida de Los Mártires, en el cruce donde años atrás funcionó el Ancon Inn y el Gran Morrison, hay una rotonda donde destaca un monumento que recuerda la gesta patriótica del 9 de enero de 1964, un entorno que derrocha historia, con el Instituto Nacional al fondo, y una pared con grafitis e imágenes que recuerdan a los panameños que cayeron bajo el fuego de las tropas de Estados Unidos. 

La primera impresión que uno recibe al subir el cerro, es la imponente estructura del Hospital Gorgas (en donde hoy día operan el Instituto Oncológico Nacional, el Ministerio de Salud y la Corte Suprema de Justicia).  

Hospital Gorgas
Este hospital fue inaugurado en 1882 en el sitio donde operó el hospital francés  "L'Hopital Notre Dame du Canal”, en 1904 fue bautizado “Ancon Hospital” y posteriormente Gorgas Hospital en honor al doctor  William C. Gorgas, quien erradicó la fiebre amarilla durante los trabajos de construcción del Canal de Panamá.

El bosque en el cerro Ancón en buen estado
A medida que uno sube, siente la agradable sensación de caminar entre estructuras que se erigieron respetando el entorno natural, pues alrededor hay bosque secundario muy bien conservado, tanto que hay tramos en donde forma una especie de túnel alrededor de la vía.

Después de la primera pendiente carretera, se encuentra la residencia del administrador del Canal de Panamá, otrora residencia del Gobernador de la antigua Zona del Canal.  

Ubicada inicialmente en el poblado de Culebra, en los albores de la inauguración del Canal, fue trasladada a su sitio actual, donde durante 65 años fue habitada por 17 gobernadores, todos  con  con rango militar, que además de cumplir funciones de administradores del Canal, constituyeron también la más alta autoridad sobre los estadounidenses que trabajaban en el Canal y en las bases militares asentadas en Panamá.

Residencia del Administrador del Canal
Con la entrada en vigencia de los Tratados Torrijos-Carter, en 1979, se crea la Comisión del Canal de Panamá, y Dennis P. McAuliffe es nombrado como el primer administrador estadounidense, para lo cual debió jubilarse del Ejército de Estados Unidos. En 1990, por primera vez ocupa el puesto de administrador del Canal un panameño, Gilberto Guardia Fábrega, quien se convierte así en el primer panameño residente de la casa del administrador.

Hacia el cerro Ancón
Unos metros más adelante,  el visitante es recibido por letreros que señalan la vía que va la cima del cerro, aunque luego uno se encuentra con la garita de entrada de lo que fue la sede el Comando Sur,  sitio desde donde se planificaron innumerables acciones militares del ejército estadounidense en Panamá y en países vecinos.  

Entrada de antigua instalaciones del Comando Sur
En esta garita la agente de la Policía Nacional advierte que no se pueden tomar fotos de las residencias.  La razón, en el sitio opera el sistema de seguridad del gobierno de Panamá.  Pasada la garita, a la izquierda inicia la vía Amelia Denis de Icaza, la cual lleva directo a la cima del cerro Ancón.

En Quarry Heights se ven las cicatrices que dejó la extracción de material para construir el Canal
Desde la vía, se pueden ver las cicatrices que dejó la extracción de rocas, utilizadas en las obras de construcción del Canal, especialmente para las esclusas de Miraflores y Pedro Miguel.  De ahí el nombre de Quarry Heights (Altos de la Cantera), hoy Altos de Ancón. 

Entrada del búnker del cerro Ancón
La calle Amelia Denis de Icaza serpentea por el cerro Ancón ofreciendo variadas vistas, como la entrada de un búnker construido en 1942, con un túnel de 200 metros, y estratégica salida con vista a  entrada sur del Canal.

Espectacular vista de la ciudad de Panamá
A medida que uno asciende, el visitante disfruta del frondoso bosque que se alternan con vistas de la ciudad de Panamá, desde la Calzada de Amador, la Cinta Costera Tres, El Chorrillo, el Casco Antiguo, La Plaza de Francia, el área bancaria y Paitilla.  A lo lejos se escucha el constante flamear de la bandera panameña que ondea en la cima del cerro.

Primera toma de agua de Panamá
Poco antes de la cima, hay una especie  de pozo abandonada, donde incluso hay basura y botella de plástico, con una placa colocada el 22 de marzo de 2005, por el entonces alcalde de la ciudad de Panamá, Juan Carlos Navarro, la cual recuerda que ahí estuvo el Chorrito del Chorrillo, “la primera toma de agua de la ciudad de Panamá”.

El Chorrito del Chorrillo
¿Qué se hizo tu.chorrillo? ¿Su corriente 
al pisarla un extraño se secó? 
Su cristalina, bienhechora fuente 
en el abismo del no ser se hundió” 
(Al cerro Ancón, Amelia Denis
De Icaza)

Vista de las esclusas de Pedro Miguel y Miraflores
Antes de llegar al área donde flamea la bandera panameña, el cerro Ancón ofrece espectaculares vistas del Canal de Panamá, con las esclusas de Pedro Miguel, Miraflores y Cocolí, el área portuaria, el puente de Las Américas, el patio del ferrocarril, el edificio de la administración del Canal, Albrook los linderos boscosos del Parque Nacional Camino de Cruces y el aeropuerto Marcos A. Gelabert.

Añadir leyenda
Llegar a la parte más alta, donde está el asta de la bandera panameña, y el monumento a la poetisa Amelia Denis de Icaza, conlleva una especie de ritual, envuelto por el entorno: la bandera flameando a lo alto, poesía e historia, reseñada en décadas de luchas nacionalistas y de la gran satisfacción de saber que valió la pena.  

Dos monolitos con un verso del poeta Demetrio Korsi y remembranza de la firma de los Tratados Torrijos-Carter
Al lado de Amelia Denis de Icaza se destaca un monumento erigido por del Municipio de Panamá, el 1 de octubre de 2002, en honor  al “Gran poeta capitalino”, Demetrio Korsi

Oda Inflexible (Al Cerro Ancón)
¿Ah, Cuando volverá sobre tu cumbre,
Nuestra bandera a tremolar un día?.
¿Cuándo terminará la servidumbre
de tu inmolado pueblo, patria mia?.
(Demetrio Korsi)

Y la placa que rememora la firma de los. Tratados Torrijos-Carter, el 7 de septiembre de 1977, en presencia de los gobernantes de América,  en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA). 

Monumento a Amelia Denis de Icaza
Todo esto constituye una caminata a la cima del cerro Ancón, un repaso de la historia panameña, las luchas nacionalistas, y un hermoso entorno natural en plena ciudad de Panamá.

(PD: me llamó la atención que pese a mantener el estatus de Reserva Natural y Área Protegida, al menos en la cima del cerro no existe personal que ofrezca alguna orientación a los visitantes.  Existen sitios con valor histórico y simbólicos que merecen ser destacados.  Sigo pensando que en la cima hay espacios que bien pueden ser habilitados como cafeterías.  También, ofrecer algún servicio de transporte, con vehículos adecuados a las características de la vía, y personal que sirva de guía a los visitantes  nacionales y extranjeros.)

  

lunes, 12 de febrero de 2018

Déjà vu durante senderismo por el Parque Natural Metropolitano


Por Carlos Camarena Medina
Periodista

Cuando ingresé al Parque Natural Metropolitano  (PNM) por el sendero Los Caobos, sentí un déjà vu, que me llevó a mis años de infancia, cuando recorría los bosques que aún existían en Pueblo Nuevo, en un área colindante con Hato Pintado y La Loma y  que solíamos recorrer durante la época seca. 

Al ingresar al PNM, eres recibido por árboles que parecen catedrales,  que te envuelven con esa sensación de paz reverencial, de sentirse solo, sabiendo que en derredor vibra la vida.

Programé recorrerlo el domingo de carnaval, de ser posible con un guía, pero me informaron que esa petición se hace con una semana de antelación, por lo que opté por hacer el senderismo en solitario, con una cámara fotográfica, la Guía de Visitantes que adquirí en las oficinas administrativas, una botella de agua y un paquete de chocolate M&M.  

Habían pasado ocho años desde que lo recorrí parcialmente, por lo que en esta ocasión, me propuse caminarlo con más calma: me esperaban los senderos Los Caobos, El Roble, La Cienaguita y el Camino del Mono Tití, en un periplo que se extendió por más de dos horas.

Sendero Los Caobos
En el sendero Los Caobos, a pesar de la estación seca, el denso bosque de galería impresiona, y, tal como le resume la Guía de Visitantes del parque, uno se encuentra con majestuosos caobos, pero más que eso, tuve la fortuna de avistar un ñeque (Dasiprocta fuliginosa) entre ramas que no me permitieron tomar una buena foto.

Ciudad de Panamá desde el mirador del Sendero Los Caobos
A mitad de Los Cobos hay un mirador, en el cual se puede aparcar y tener una vista de la ciudad de Panamá,  adecuadas para sacar imagen que contrasten el bosque con los edificios que se ven a lo lejos.

 Un ñeque a orillas del Sendero Los Caobos
Bajando el sendero, hacia El Roble, otro ñeque posaba apaciblemente cerca de la orilla del camino. Por un rato no se movió, lo que me permitió cambiar de lente, y sacarle una buena foto, aunque no me dio tiempo para filmarlo. 

Bunker El Castillo, testigo de la presencia militar estadounidense en Panamá
En el tramo de El Roble hacia la caseta de entrada a la vía que lleva a la cima del parque (en donde está el mirador) hay restos de chatarras, de aparejos militares que datan de los tiempos que los estadounidenses tenían instalaciones en  esta zona boscoso, como lo testimonia el Búnker El Castillo.  

Un mono en lo alto de un árbol en el Camino del Mono Tití
Durante el recorrido por el camino del Mono Tití, me sorprendió un primate (no tengo la certeza de que sea un Tití), el cual descansaba apaciblemente sobre una rama, lo que me permitió sacarle varias fotos y un vídeo que por la distancia no salió muy bien.

El mirador del parque ofrece espectaculares vistas de la ciudad de Panamá
Luego la cima, en donde está el mirador principal, y desde el cual se pueden tomar espectaculares vistas de varios puntos de la ciudad de Panamá, las afuera y las áreas revestidas.

Gato solo, a orilla del sendero La Cienaguita
Pero la cereza del pastel fue una pequeña manada de gato solo (Nasua narica) que caminaban apaciblemente por el sendero  La Cienaguita e   -imagino que por su familiaridad con los humanos, nuestra presencia (la mía, la de unos turistas que venía detrás de mí y de una jóvenes que venían en dirección contraria), no los asusto- con lo cual todos hicimos un alto para sacarle fotos y vídeos, hasta que subieron a los árboles y se perdieron en la espesura del bosque.

 Un imponente cuipo (Cavallinesia platanifolia) adorna el dosel del bosque
Más abajo, árbol barrigón, un imponente cuipo, el sendero en buenas condiciones, más chatarras, hasta retornar a la sede administrativa.  

El parque recibe al año unos 40 mil visitantes, nacionales y extranjeros
Fueron más de dos horas de un recorrido, durante el cual me encontré con turistas, varias personas solitarias, familias, jóvenes haciendo ejercicio, todos coincidiendo con el interés de conocer, convivir, explorar e interactuar con un entorno cien por ciento natural, a unos cuantos minutos de la ciudad de Panamá.   


La filtración de la luz a través del dosel de bosque regala hermosa vistas de la naturaleza
* El Parque Natural Metropolitano, conocido como el pulmón de la ciudad de Panamá, mide 232 hectáreas. Se caracteriza por tener dos tipos de bosques, el húmedo tropical y el seco tropical.  En sus linderos existen unas 284 especies de flora, con árboles que alcanzan los 30 y 35 metros. También, habitan 380 especies de animales, además de ser un hábitat esencial para las aves migratorias provenientes de Norte América. 

martes, 16 de enero de 2018

Deforestación, cambio climático y pérdida de biodiversidad



Por Carlos Camarena Medina
Periodista

La pérdida de la biodiversidad en las zonas tropicales constituye una de las principales consecuencias de la deforestación y el cambio climático, fenómeno del cual Panamá no escapa, por lo que se hace imperativo que autoridades como los ciudadanos atiendan este problema y tomen las previsiones que se ameriten.

William Laurance, científico del Smithsonian Tropical Research Institute (STRI), fue entrevistado sobre este tema -como parte de la campaña de divulgación sobre el Cambio Climático y la Deforestación en Panamá, auspiciada por la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON) y la Embajada Británica- y destacó que tanto el cambio climático como la deforestación constituyen "amenazas serias" para la biodiversidad.

Explicó que la variación del clima y la deforestación, ocasional la fragmentación del bosque lo que dificulta que se mantenga y propague la diversidad forestal a través de diferentes hábitats. "Ellos serán atrapados en un lugar, y luego asaltado por sequías, olas de calor, tormentas y otros efectos de calentamiento global", agregó.

Laurance precisó que muchas especies adaptadas a climas fríos o frescos, propios de las elevaciones más altas en los trópicos, podrían extinguirse, porque estos ambientes de temperaturas más bajas desaparecerían a medida que el planeta se caliente.

Manifestó que se podría ocasionar la pérdida de miles de especies tropicales, a lo cual se añadiría el aumento de los fuegos en los bosques, con la posibilidad de la destrucción total de los bosques.

Lo afirmado por Laurance alarma y preocupa, pues según el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) provenientes de la deforestación en los trópicos representa aproximadamente el 20% del total.

Una relación directa entre la deforestación y el cambio climático, pues las emisiones de carbón son las causantes del calentamiento global; y las que ocasionan la tala de bosque totalizan unas 2 mil millones de toneladas de carbón por año.

Laurance también destacó que controlar la deforestación, además de detener el cambio climático, puede significar beneficios adicionales para Panamá, pues el país podría obtener fondos en concepto de créditos de carbón, producto de la reducción de la tala de bosque y la regeneración forestal.

"Las ventajas financieras podrían ser considerables para países como Panamá. Es crucial es que el país demuestra un compromiso a largo plazo con la conservación forestal. Si esto se hace, entonces es probable que podría obtener muchos fondos del comercio de carbón", manifestó.

Sostuvo que los bosques también son beneficiosos para la industria del turismo, mientras que la biodiversidad biológica que resguarda la cubierta boscosa es una parte importante del patrimonio nacional de Panamá.

Pero se trata de una labor en la cual los ciudadanos pueden participar de manera activa. El científico del STRI considera que el público puede impulsar a sus políticos a apoyar la conservación forestal y parques nacionales, a través de la participación en organizaciones no gubernamentales como ANCON, la Sociedad Aububon y otros.


"Los grupos no gubernamentales son muy activos en la lucha por la conservación forestal", puntualizó.

(Nota: este trabajo formó parte de una campaña auspiciada por la Embajada Británica, ANCON y la empresa Cable & Wireless Panamá, en el año 2009. La imagen es cortesía de la fotógrafa costarricense Teresita Chavarría, tomada durante una caminata con periodistas entre Cerro Punta y Boquete, organizada por ANCON, en enero de 2004, durante una campaña contra la construcción de una carretera a través del Parque Nacional Volcán Barú)

domingo, 24 de diciembre de 2017

Recuerdos de Diciembre



Por Carlos Camarena Medina
Periodista

Con la llegada del mes de diciembre, súbitamente, el viento cambia de dirección y algunos árboles pierden todas sus hojas, señal de que ha entrado la época navideña y se asoma el verano en Panamá. 

Quizá es la temporada más hermosa del año, porque invita a meditar, a soñar, pero, sobre todo, a recordar algunos pasajes de la infancia, de aquella inocencia que, si bien puede parecer perdida, aún conservamos en lo más recóndito de nuestro ser.

Diciembre era época de dejar los libros y dedicarnos al "ocio", y a explorar las manchas de bosques que aún existían en Pueblo Nuevo y que se extendían desde la Calle Primera, pasando por Hato Pintado hasta llegar a la parte trasera de la Clínica San Fernando, donde había un palo de aguacate que, en más de una ocasión, le cosechamos sus frutos, a pesar de la prohibición de sus supuestos dueños. 

Hasta nos ufanábamos de tomar agua de una quebrada que no estaba contaminada y que no sé en qué vericuetos fue sumergida al construirse las barriadas que hoy reemplazan a los árboles.

O fabricar nuestras primeras cometas, de palitos de pencas al principio, y con el tiempo otras más sofisticadas hechas con virulí y forradas con papel de envolver o con otros multicolores. Los panderos, las estrellas, los hexágonos o los cajones empezaban a surcar los aires del barrio desde que entraba diciembre, y era un orgullo hacer la mejor cometa y lograr que volara lo más alto posible.

También, era temporada de buscar en lo alto de los árboles de espavé alguna que otra iguana, a la cual perseguíamos de forma implacable hasta cazarla, para luego preparar un suculento plato de comida silvestre. 

En diciembre, las iguanas empiezan a procrearse y con regularidad las que cazábamos tenían huevos. En los espavés siempre había iguanas, pero gracias al progreso ya no están los árboles, mucho menos las iguanas.

Por supuesto, el fútbol jugó un papel importante en aquella época infantil, influenciada por el mundial celebrado en Alemania ("mi primer mundial"), seducido aún por la precisión y la magia de la Holanda de Cruiff, Neskeen y compañía, y que marcaría el amor por este hermoso deporte, con los Maradona, Zico, Platiní y otros.

Sí, porque recuerdo que fue ese mismo año cuando la maestra nos invitó a dar un aporte semanal de 25 centavos para celebrar la fiesta de Navidad en la escuelita. Aquél fue un buen año, pues por única vez ocupé cuadro de honor, ya que siempre fui un alumno de 4.1 ("Para qué matarse tanto, si no me costaba mucho obtener este promedio", me decía.).

Pues resulta que el día de la bendita fiesta, a pesar que vivía a sólo unos cincuenta metros de la escuelita y que escuchaba todo el bullicio infantil y la música- no me acordé de tan importante evento, pues estaba en lo mejor de un partido de fútbol con una bola de tenis y con uniforme completo: pantaloneta, sin camiseta y descalzo.

De repente un compañero me gritó que me buscaban y cuando volteé a mirar, me percaté que era mi maestra, quien llevaba algo en la mano: era lo que  me tocaba de la fiesta de Navidad, que ella en forma gentil me fue a entregar personalmente y que luego me di cuenta que más que eso era un reconocimiento, una muestra de aprecio y cariño hacia mí, por lo que había hecho ese año en la escuela. 

Y lo digo, porque luego de hacerme la entrega, la maestra me dijo que quería hablar con mi madre y la llevé con ella. Aunque de forma borrosa, aún recuerdo las palabras de felicitaciones y lo bien que de mí habló la maestra ante mi madre. A pesar de todas las peripecias y dificultades, me había hecho con un puesto de honor en el salón. Siempre me he preguntado ¿qué habrá sido de la maestra Margarita?.

De diciembre también recuerdo otro "partido" de fútbol, en víspera de Navidad y en penumbra, cuando unos "pelaos" del barrio osaron ir a retarnos a nuestro territorio y nos ganaron por un gol y, para dejarnos "picados", no nos dieron la revancha ese mismo día.

La revancha fue pactada para el 31 de diciembre en la noche, debajo del mismo faro de mercurio y durante toda la semana siguiente nos pasamos recordando la celebración del "partido". Hasta la fecha tal revancha no se ha dado.

Diciembre también me recuerda las roscas de huevos que se hacían en la panadería de al lado y que siempre goloseábamos; o los lechones que asaban en el horno que calentaban con leña extraída de mangle; o de las fiestas de Navidad que en varias ocasiones nos hicieron en el taller de electrónica el señor Pablo.

Las estrellitas, las bombitas, las peras, las manzanas, las uvas, las nueces, el arroz con pollo, los juguetes, los tamales, los juegos de vaquero, la ropa nueva, el bullicio en el barrio, la música a todo volumen, los abrazos, los besos y las felicitaciones...la noche estrellada con Júpiter en lo alto del cielo, los disco del Gran Combo, Ismael Rivera, Héctor Lavoe, Willie Colón, Cheo Feliciano y los villancicos....todo eso era diciembre.

Pero sin duda, de todos estos recuerdos, siempre me he aferrado al de aquella tarde soleada de diciembre, cuando en medio de un partido de fútbol se apareció la maestra Margarita a llevarme "mi parte" de la fiesta de Navidad. Todo un reconocimiento y un gran regalo que a pesar de los años que han pasado, aún me llena de emoción. 


Nota: este artículo fue publicado por primera vez en diciembre de 2001 en  el diario Panamá América y en diciembre de 2004 en la Revista Ellas del diario La Prensa.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Gabriela Etchelecu: ”Debemos asegurar, tal como lo indica su ley, que cualquier desarrollo turístico se lleve a cabo fuera del Parque. Coiba”


Isla Granito de Oro, en el Parque Nacional Coiba

Por Carlos Camarena Medina
Periodista

El 17 de diciembre de 1991 se creó el Parque Nacional Coiba, iniciativa que marcó el inicio del desmantelamiento penal que por décadas había funcionado ahí, y que garantizaba la conservación de sus ecosistemas, además de los primeros pasos para resguardar la biodiversidad, sin que ello significara encerrarlo en una bola de cristal.

Tras 17 años (26 años en 2017), ya desapareció el penal y se aprobó la Ley 44 de 2004, que reforzó la norma que creó la reserva, y permitió que la UNESCO la declarara como Patrimonio de la Humanidad.

La directora ejecutiva de ANCON, Alida Spadafora, dijo que la aprobación de la Ley 44 fue un triunfo del movimiento ambiental por ser Coiba un área de prioridad para la conservación, por mantener bosques naturales y vidas silvestres únicos en el país.

Agregó que la declaración de Coiba como patrimonio de la Humanidad fue importante ya que respalda y apoya internacionalmente los esfuerzos por conservar el parque, y ser referencia para la movilización de recursos nacionales e internacional.

La directora de la Fundación Marviva, Gabriela Etchelecu, consideró que esta designación confirió prestigio internacional a Coiba, lo que conlleva la enorme responsabilidad de cuidar el parque, tarea que no solo recae en la ANAM, sino que compete al gobierno entero y a Panamá como país.

Consideró que si se lleva a cabo un desarrollo turístico razonable, de bajo impacto y tomando en cuenta la sostenibilidad ambiental de la costa, Coiba podrá seguir siendo fuente de riqueza para la zona y para el país. Como área marina protegida, es un sitio de descanso y reproducción de especies marinas que rebalsan fuera del parque y que proveen el sustento a muchas personas.

Etchelecu precisó que en su estado natural Coiba es un imán irresistible para los turistas locales e internacionales. "Debemos asegurar, tal como lo indica su ley, que cualquier desarrollo turístico se lleve a cabo fuera del Parque. Esto protege la fuente y atractivo natural y al mismo tiempo brinda ingresos y trabajo a las comunidades costeras de la zona", destacó.

Para Spadafora, la integridad de Coiba sustentará el desarrollo turístico y pesquero de la región y, en ese sentido, ANCON ha promovido micro empresas en el área y planes municipales cuyo éxito dependerá de la debida protección y vigilancia del parque.

Añadió que si como país se logra implementar la Ley y el Plan de Manejo del parque "ganaremos todos, en especial el sector turístico y las investigaciones que se produzcan en Coiba, algunas de las cuales podrán redundar en descubrimiento de medicamentos de importancia global. El país podrá ser reconocido por la espectacular riqueza y belleza de ese Parque, único en el continente”.

Etchelecu dijo que si se cuida el parque y se aplican las medidas de conservación, se toma en cuenta la capacidad de carga, el Plan de Manejo y hay voluntad política, "el futuro de Coiba es brillante y seguirá siendo fuente de servicios ambientales invaluables como riqueza marina, oxígeno, agua, y fuentes económicas como pesca y turismo”.

La directora ejecutiva de ANCON considera que hay que hacer una inversión inicial para garantizar las facilidades que los turistas requieren, a fin de que el cobro de la entrada al parque sea directamente proporcional al servicio que se ofrece a los visitantes, para que a su vez, éstos se conviertan en entes multiplicadores.

Spadafora también recomienda invertir en investigación científica, promoción del turismo de bajo impacto, de micro empresas y pesca sostenible, a fin de mejorar la calidad de vida de las poblaciones aledañas de Veraguas y Chiriquí. Igualmente, hacer una inversión para hacer cumplir las reglas y normas que rigen el Parque.

Tales planteamientos son compartidos por Etchelecu, quien considera que la política y los intereses económicos de grupos de poder no deben intervenir en las decisiones que se tomen en torno al Parque.

Etchelecu y Spadafora calificaron de preocupante y negativa la eliminación del artículo 11 de la Ley 44 que eliminó un área de exclusión comprendida en el pacífico panameño, al norte del paralelo 06°30"0"", en la que se prohíbe el uso de redes de cerco para la pesca de atún, aparejos que afectan especies marinas del área, como peces de pico, delfines, cetáceos, tortugas y otros. 

Spadafora advirtió que si se permite el uso de redes de cerco en esta zona se afectará a poblaciones de tortuga, delfines y picudos que son la base para el turismo y pesca deportiva de la región y que se da lugar también en el Parque Coiba; lo cual tendrá un efecto económico, social y ambiental negativo.

Por su parte, Etchelecu advirtió que este tipo de pesca acaba con muchas especies, además del atún, delfines, dorados, peces espada, tiburones, tortugas, y otros. También, afecta la migración de especies y balance ecológico del área. 


Nota: (Este artículo fue publicado el 17 de diciembre de 2008 en los diarios La Estrella de Panamá (Página 11C) y El Siglo (Página 28), con el título Coiba: retos y desafíos 17 años después, y por considerarlo de interés, en torno al debate sobre posible desarrollo turístico en la parte insular, se modificó el título, destacando lo afirmado por la entonces directora ejecutiva de MarViva, Gabriela Etchelecu.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Las naranjas y mandarinas de plácemes en El Guayabo, Santa Fe



Por Carlos Camarena Medina
Periodista

Son las 7:50 de la noche en El Guayabo, Santa Fe, y a esta hora hay que recogerse para ir a dormir.   

Siempre ha sido así desde que vengo a este apartado lugar de las montañas veragüenses, a donde para bien o para mal el progreso no se ha posesionado.

La energía para alumbrarnos se obtienen de paneles solares, y el agua de un acueducto rural.  

El ruido de los animales nocturnos marca una sinfonía en la noche oscura, -a veces alumbrada por un impresionante cielo estrellado, que jamás se puede ver en la ciudad capital- en la cual uno juega a identificarlos.

Si bien hay estufa de gas, nada como cocinar la comida en el fogón.

Puente sobre el río Santa María. Aquí empieza el suplicio.
Al llegar, luego que la chiva lo deja a unos minutos del río Santa María,  toca andar  más de media hora por un empinado camino, la mayoría de las veces húmedo y lodoso, lo que hace más lento y agotador el recorrido.

En las orillas del camino, en algunos tramos,  sobresalen diferentes especies de árboles, pero los naranjos y mandarinas con sus vistosas frutos hacen una calle de honor a los caminantes. 

Una vez llegué a casa de mi tío Manuel,  a la orilla del camino habían dos árboles rebosantes de mandarinas, grandes y jugosas, y no pude aguantar las ganas de saciar mi sed con esta fruta.

Diciembre, podría decirse, no es el mes más agradable para viajar a El Guayabo, pues todavía la temporada lluviosa está en su apogeo y los caminos húmedos y enlodados, sobretodo el tramo final, después del cruce del río Santa María, pues hasta ahí llegan las chivas que viajan desde Santa Fe.

Pero una vez uno llega, se olvidan todos los “pesares” y “suplicios” de ese tramo final, porque espera un café, un clima agradable, y un baño con agua gélida que baja del acueducto rural….todo eso, rodeado de montañas que parecen catedrales.

Y unos guandúes que para finales de diciembre e inicio de enero estarán listos para ser cosechados.


¡Eso es llegar a la casa más lejana de El Guayabo, donde en broma comentamos si el abuelo Genaro Medina no pudo buscar un lugar más lejano donde asentar su casa.   

Para finales de diciembre e inicio de enero el guandú estará listo para la cosecha.

Mandarinas, grandes, jugosas y dulce.



sábado, 2 de diciembre de 2017

La magia de diciembre y algo positivo, digno de destacar



Iphone recuperado con el cargador comprado para poder activar el aparato.

Por Carlos Camarena Medina
Periodista

En un ambiente de juega vivo, -en un país donde los corruptos gozan de privilegios y protección que le garantiza impunidad, en una falta de valores y principios que parece cosa normal, que algunos premian y que incluso ven como ejemplo a seguir- en la vida cotidiana suceden cosas que nos recuerdan que la gente buena y honrada es mayoría.

Hace una semana, me causó mucha hilaridad, y pena ajena,  ver lo más florido de nuestra farándula local, robando cámaras y desesperados por tomarse una foto con el expresidente uruguayo, José “Pepe” Mujica, quizá pensando que se le iba a pegar algo de su popularidad o  la imagen prístina del ex mandatario sudamericano. 

¿Cuántas de estas figuras taquilleras panameña pasarían por el rasero de la transparencia?, pregunté. Poquísimas, por no decir todas.

Hace unos días acudí a hacer unas diligencias a la Caja de Seguro Social en Clayton, en donde ante la demora, mi móvil se quedó sin carga, por lo cual me lo metí en bolsillo  y cuando salí abordé un taxi que me llevara  a Albrook Mall, para hacer un transbordo. 

Cuando iba llegando a la oficina, antes de bajarme del otro taxi, me percaté que no tenía el móvil, e hice memoria, llegando a la conclusión que se me había salido del bolsillo en el taxi que abordé en Clayton.


Una vez en la oficina, mandé al número del móvil extraviado un mensaje por WhatsApp, con el número de mi otro teléfono, solicitándole al que encontrara el teléfono que por favor me llamara.

Le marqué varias veces, consciente que mientras no encendiera el teléfono no podría contestar.  Así lo hice los dos días siguientes sin que nadie contestara.

En el ínterin, por tratarse de un Iphone, consulté a compañeros de la oficina para rastrear el  móvil que tiene la particularidad de ser ubicado, al principio con un “alegrón”, porque dimos con una ubicación, que resultó ser mi MacBook, que está conectada con el aparato móvil.

También, consulté a la persona que me vendió el teléfono, quien después de navegar en la cuenta de Apple, me pidió que ubicara una dirección de correo en la caja del Iphone, por lo que al llegar a casa le tomé foto y se la mandé por WhatsApp, a la espera de que me ayudara.

Mientras tanto, cuando me acordaba, marcaba el número, y siempre entraba en mensaje, es decir, seguía apagado.

Dos día después, a las 3:15 de la tarde, entró una llamada desde un número desconocido y cuando contesto me habla un señor que me pregunta si yo era la persona que había abordado un taxi en Clayton hacía dos días, a lo cual le dije que sí y le recordé que junto a mí se montaron otras dos personas y que yo me acomodé en la parte delantera.

Me relató que había fue dos veces a ver si me localizaba por Clayton, y que había ido a la empresa telefónica Movistar, en donde luego de ver el chip del móvil, le dijeron que era de Cable and Wireless. 

En ninguna de las dos empresas le facilitaron un cargador para poder activar el aparato, por lo cual el señor compró uno y una vez tuvo carga, pudo ver las llamadas perdidas, tras lo cual me llamó. 

Acordé encontrarme con el señor en la estación Terpel que está ubicada en Albrook Mall, donde me entregó el teléfono y le  agradecí el noble gesto, mientras me relataba que incluso había pensado ir o llamar al noticiero matutino de Telemetro (Álvaro Alvarado)  para ubicar al dueño del teléfono.

De esta manera inició este mes de diciembre, con una noticia positiva, mucho más allá de recuperar el teléfono que, confieso, nunca perdí la confianza de que lo recuperaría.  


Para mí el vaso siempre estará medio lleno, y nunca pierdo la confianza en la gente.  Es con esa certeza que uno se encuentra con personas que lo hacen reforzar ese sentimiento.